Presupuestos, subvenciones, recortes y contratos públicos

Con gintonics o sin ellos, el presupuesto para la cafetería del Congreso sigue siendo el mismo

  • El servicio de restauración sigue licitado por un millón al año
  • En La Moncloa está prohibido el alcohol de alta graduación

Durante los últimos días, la polémica de los mal llamados gintonics subvencionados del Congreso ha copado portadas, debates y chascarrillos. Ante la presión popular, la mesa del Congreso decidió el martes eliminar las bebidas alcohólicas -excepto vino y cerveza- de los precios máximos que marcan los pliegos de licitación del servicio de cafetería. La empresa que consiga la adjudicación, pues, no tendrá un límite para marcar el precio de los combinados. Pero esta medida sólo es estética: con gintonics o sin ellos, el servicio costará un millón de euros al año.

Este tipo de contratos de restauración en edificios públicos contiene dos partes, relacionadas entre sí. Por un lado, la  administración pública establece un precio por servicios generales, en este caso “puesta en marcha y mantenimiento del servicio”. Es es lo que el Congreso pagará, como máximo, a la empresa que se haga con la cafetería, que para el Congreso es de 1.050.000 euros al año. Esta cantidad es la que debe compensar a la compañía para fijar unos precios de venta al público más asequibles que los que ofrecería en un bar en plena calle. En todo caso, no se trata de una subvención directa por copa, sino de una compensación por el servicio global que establece, vinculados, unos límites de precio.

El BOE recoge hoy la modificación de los pliegos, publicada íntegra en la web del Congreso, en los que se suprime el apartado “refrescos, cervezas, aperitivos y bebidas alcohólicas” de las características del contrato. Pero el precio de licitación, lo que el Congreso ha presupuestado que pagará a la empresa adjudicataria por el servicio, no se ha modificado, con lo que la medida de Jesús Posada no supone ningún ahorro.

El gasto de la cafetería del Congreso a las arcas públicas dependerá de las ofertas que realicen las empresas que se postulen para el servicio, que ahora tendrán libertad para establecer los precios de los gintonics. ¿Les hará bajar el precio la supresión concreta de los combinados en los pliegos? Depende exclusivamente de ellas. Pero el tope de gasto que marca el Congreso por el servicio global no se ha modificado ni un céntimo.

Un contrato similar, por ejemplo, es el que regula el servicio de restauración en La Moncloa. Por un lado, el Gobierno establece un precio por atención y limpieza de las cafeterías de 1.688.924,15 euros por cuatro años y, por el otro, marca precios máximos para los menús, pinchos, cañas o cafés. El primero compensa el segundo, como ocurre en la cafetería del Congreso. La diferencia es que en La Moncloa están prohibidas las bebidas alcohólicas, excepto vino y cerveza.

Eso sí, el café del Congreso (0,85 euros máximo) será más barato que el de la Moncloa (un euro).

Buenos días.

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5 thoughts on “Con gintonics o sin ellos, el presupuesto para la cafetería del Congreso sigue siendo el mismo

  1. Pingback: Suprimir el límite de precio de los gintonics del Congreso no supone ningún ahorro | La Marea

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  3. Santiago says:

    Creo que lo hacen por si aparece por allí 350 trabajadores en practicas, y que cosa más natural que subvencionar todo por si se tienen que quedar a desayunar, comer, cenar…
    Un cordial saludo.

  4. manuel says:

    Asi que dearemos de pagarles los gintonics pero seguiremos pagandoles sus comilonas y la asignacion millonaria del servicio a su amigote…

  5. Alejandro Guillán says:

    En cualquier otra institución (una universidad, por ejemplo), el organismo en cuestión pone a disposición de las empresas interesadas en participar en la concesión unas instalaciones hosteleras totalmente equipadas (que suele representar la mayor inversión para un hostelero a la hora de montar un negocio) y una masa importante de potenciales clientes. A cambio de disponer de unas instalaciones a coste cero y de tener acceso preferencial a una masa importante de clientes, los hosteleros interesados en participar presentan, en sobre cerrado, su propuesta de tarifa de precios. Son libres de poner los precios que quieran en su propuesta de tarifa de precios, que no se conocerán hasta la fecha indicada para la apertura de los sobres, cuando se hacen públicas todas las propuestas presentadas y -salvo criterio explicitado en los pliegos en otro sentido- se adjudica la concesión del servicio a la propuesta de tarifa de precios más económica. Y en esas condiciones, hay bofetadas por llevarse la adjudicación. Y además, los precios que finalmente se aplican en el servicio suelen ser muy populares, con lo que el hostelero tiene un volumen de ventas más que aceptable, la clientela tiene unos precios más que aceptables, y todos contentos.

    Pero a Sus Señorías no les parecen suficientes las prebendas inherentes a su cargo (un salario que multiplica -no sé muy bien por cuánto- el salario mínimo, complementos económicos varios, un total de sólo siete años trabajados para disfrutar del 100% de la pensión, dietas, alojamientos, un iPhone sin límite de consumo, un iPad de libre uso, etc..). Resulta que, además, hay que garantizarles por ley (porque entiendo que este gasto de un millón de euros va con cargo a los Presupuestos Generales del Estado) unos precios populares para sus consumiciones (cuyo importe, además, muy posiblemente recuperen vía presentación del tiquet como gasto).

    Desde mi punto de vista, lo sustancial no es que se subvencionen las bebidas alcohólicas o no. Allá cada cual con lo que haga en su puesto de trabajo, que todos somos mayorcitos. Lo que me parece verdaderamente inmoral es que para que Sus Señorías -que precisamente se distinguen de la media de los ciudadanos por su nivel de poder adquisitivo- tenga garantizados unos precios de consumición económicos se hayan invertido las reglas habituales que rigen para este tipo de concesiones y sea el propio organismo contratante el que imponga una tarifa de precios, disponiendo para ello una aportación de un millón de euros. Esto es: el empresario hostelero que se presente a esta licitación, ya sabe que tiene garantizado una facturación mínima de un millón de euros, además de todo lo que facture a los precios estipulados, en los que que también tiene garantizado su margen de beneficio. Porque aunque sea un margen de beneficio inferior ya os digo yo ahora que a 0,85 € el café no pierden dinero de ninguna de las maneras. En esas condiciones, me encantaría poder presentarme a ese concurso, pero me temo que ese tipo de negocios solo son accesibles para alguien que como mínimo sea presidente de alguna confederación de empresarios…

    Saludos

    P.D.- Muchas gracias por tu trabajo, Eva, que ya me olvidaba

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